Disparame, flaca

Si te pienso, me dueles. Estabas acostada en la cama, leyendo tu libro de cubierta dura color azul pastel en tu lencería blanca, apuntándome a la cabeza con tus piernas largas. Tu tan sonriente, yo tan cansado de verte ahí, sin hacerme nada. Me quema cada caricia de tus manos la piel, cada cincelada pendiente, cada estigma al que recé. No me dirigias la mirada porque sabías y te daba risa. De esa risa que se esconde detrás de libros, traviesa, porque no hay mejor compañero para los secretos que una hoja de papel.

Disparame, flaca, que me tienes entre la cama y la cómoda, entre saber y no saber.



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