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El quizá deber

Quizá deberías venir. Lanzarme un millón de preguntas. Cuestionarme acerca de mi día, acerca de mi vida, acerca de ti. Quizá deberíamos gastar las horas preguntándonos como llegamos a ser lo que somos, como nos inmortalizamos en este pacto de pasión que nunca terminara. Quizá deberías declararme tu amor. Cantarme al oído, tomar un baño, bailar conmigo. Estremecerte con mi contacto, desfallecer en mi mirada. Quizá deberíamos estar juntos. Quizá deberías extenderte cómodamente en la incomodidad de mi cama, vagar por mi cuarto, conocerme mejor, escuchar música y besarme, mi amor.

Quizá deberías venir y no decir nada. Deberíamos dejar que nuestros espíritus se encontraran en nuestras miradas y liberar nuestras almas, incansables guerreras de la espera interminable. Quizá deberíamos retroceder en el tiempo y acoger en nuestros corazones el inevitable momento en que nos enamoramos. Que nunca terminara. Y hablando de terminar, quizá nunca deberíamos terminar. Ser infinitos, luminosas fugaces en los recuerdos de mentes envidiosas, anhelantes de tener lo que tu y yo tenemos.

Y, tu y yo que tenemos? Todo. Lo tenemos todo. En el silencio de lo profundo nos encontramos con nuestros seres distantes, reales. Quizá, entre todo el ruido de fuera, deberíamos dejarlos hablar porque, cuando tu y yo somos, no hay cosa que no sea.

"Por que no vuelves a mi cama y te quedas a vivir en ella?" Quizá debería.

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