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Antítesis mía

Tengo la certeza de que en algún momento nos debemos haber encontrado, coincidiendo nuestras miradas, creando momentos, ocultando recuerdos, para luego volver, insensibles, nuestras vistas al frente. A nuestros caminos. Probablemente hayamos viajado juntos, tomados de la mano, entre carros, edificios, astros y espacio, y hermosos caudales color turquesa más allá de donde las mentes divagantes han viajado jamás. Quizá hasta conquistamos nuestra realidad.

Es extraño pensar que, siendo tu una mujer maravillosa y por el contrario yo, un brillante desencanto, anheláramos lo mismo y viéramos hacia enfrente, con distintos ojos, los mismos paisajes de edades por venir. Si no es un milagro, entonces ¿qué es? Estábamos escondidos a plena vista, viajando rápidamente y sin rumbo, salvándonos sin nada por decir. Y ahora, sin ti no soy nada. No hay quien detenga mis arranques, no hay Sol que brille más radiante. Me haces la piel arder, la primavera soportable y suspiras si te llamo princesa. No veo un mañana sin ti. Eres todo lo que pedí.

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Luz que opaca

A veces quisiera dejar de escribirte, detener esas risas que plasmamos en papel, inhalar tantas promesas que soplamos al viento esperando que algún día volvieran a nuestros oídos; a veces solo quisiera olvidar.

Sin embargo, siempre llega la tormenta, los vientos y mareos, decaídas a la sana estabilidad que consigo cuando callo y cuando olvido aquellos días en que caminabas con tus pies desnudos por mi cuarto abrazando aquella ilusión, cargando una guitarra, escribiendo algunas estrofas de aquella canción que nunca terminaste. Siempre bailabas en mi habitación y, regocijándote de la tranquilidad que mi mirada te prestaba, te empeñabas en desnudar tu alma para mi, te empeñabas en sacar a relucir una sonrisa coqueta que, sin influencias, se dibujaba con alegres matices sobre el lienzo tan dañado de tu rostro. No había necesidad de maquillar nuestras emociones, no había necesidad de buscar razones para reír, reíamos por reír, porque Dios así lo quiso y el mundo es divertido. Suelo record…

Cortarte

Poder, me gustaría, marcarte en los brazos
tal cual eres y cuán perfecta
pero tan rápido llegan los malos ratos
contemplas cortarte las venas.

Tiempo

Son las 4:34 a.m. del día 29 de diciembre del año 2013 y se supone que en una hora y media saldré de la ciudad. Todos están dormidos, todo está en silencio; sólo se escucha el ruido de la calefacción rugiendo en su esfuerzo por aplacar los 3° centrigrados que quieren entrar. Tengo mis audifonos puestos y aún así su sonido metal me quiere arruyar.

Yo sólo quiero hacerla reír y sentir que todo desaparece.

Son las 4:43 a.m. del día 29 de diciembre del año 2013. En una hora y quince saldré de la ciudad. Ella está dormida a dos cuadras de mi. Dos cuadras.
Sólo escucho el ruido.