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Selene

Ella tenia el numero perfecto de pecas en su nariz y sus mejillas. Tenia ojos verdes y una mirada profunda que solía posar en las estrellas. Era triste a veces verla, preocupada por sus cejas, preocupada por el clima, sentada en su banquillo con sus piernas a la deriva. Su cabello castaño y quebrado le cubría las orejas, hombros y clavículas. Sus rodillas contaban historias fascinantes: historias del mar, de sequías y de uno que otro pantalón roto; tenían tantas y tan distintas heridas, ya desde pequeñas habían aprendido que jugar cerca del cielo costaba una que otra caída. Escribía con la mano izquierda y aguantaba las muchísimas bromas de sus mesas y cuadernos que se movían hacia lados contrarios cada que a su mente llegaba una idea. Creo que una vez la vi escribir con el cuaderno de cabeza.

Me toleraba mucho. ”7, como Orion” le dije alguna vez en clase de Geografía. Ella y sus pequitas ardieron de vergüenza. Una cosa era que las notaran, otra que las contaran. No me decía nada si me atrapaba viendo sus piernas; aunque yo no quisiera, siempre me veía emboscado por mis pensamientos y la eterna duda de no saber si sus tobillos podrían soportar la magnificencia de una obra Divina. ¿Y si se rompían?, ¿que pasaría con su cuerpo y su fragilidad? Yo estaba seguro que lo harían y, cuando eso pasara, iba a estar a no mas de dos pasos; a dos pasos de salvarla o dos pasos de perderle.

Cuando usaba sus lentes parecía un tanto mas triste, su mirada baja y su rojita nariz la hacían mas consciente del movimiento de la Tierra y de su rapidez que, para caminar, le causaban una infinidad tropiezos y pasos vacilantes. “Parece que la Tierra te juega una broma” le dije un día. “La broma es para ti, a ver si así ríes tan solo un poquito” me contesto. “¿De que hablas?” pregunte. “Todos los días te veo, con tu carita triste, tus ojitos fijos al suelo, aunque a veces pienso que miras mis piernas no parpadeas ni te inmutas si te veo; tus zapatos están llenos de polvo por patear la arena mientras caminas solo, tus pantalones están rotos, tu cabello alborotado. Dime, ¿estas triste?”. “Estoy enamorado”.

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Luz que opaca

A veces quisiera dejar de escribirte, detener esas risas que plasmamos en papel, inhalar tantas promesas que soplamos al viento esperando que algún día volvieran a nuestros oídos; a veces solo quisiera olvidar.

Sin embargo, siempre llega la tormenta, los vientos y mareos, decaídas a la sana estabilidad que consigo cuando callo y cuando olvido aquellos días en que caminabas con tus pies desnudos por mi cuarto abrazando aquella ilusión, cargando una guitarra, escribiendo algunas estrofas de aquella canción que nunca terminaste. Siempre bailabas en mi habitación y, regocijándote de la tranquilidad que mi mirada te prestaba, te empeñabas en desnudar tu alma para mi, te empeñabas en sacar a relucir una sonrisa coqueta que, sin influencias, se dibujaba con alegres matices sobre el lienzo tan dañado de tu rostro. No había necesidad de maquillar nuestras emociones, no había necesidad de buscar razones para reír, reíamos por reír, porque Dios así lo quiso y el mundo es divertido. Suelo record…

Cortarte

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Tiempo

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Son las 4:43 a.m. del día 29 de diciembre del año 2013. En una hora y quince saldré de la ciudad. Ella está dormida a dos cuadras de mi. Dos cuadras.
Sólo escucho el ruido.