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Cuento corto I

—Claro –le respondí. Me encantaría tener un nombre especial. Me gustaría tener un nombre que la ciudad recuerde, uno que se escuche entre los callejones y en los corredores, uno que la gente de los rascacielos escuche; uno que diga que esta ciudad me ama tanto como yo a ella.

—¿Por qué?

—Porque es lo que más deseo, tener un lugar a donde pertenecer. Y que la ciudad me hable por mi nombre cuando yo ya no quiera volver y se escuche genial.

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Luz que opaca

A veces quisiera dejar de escribirte, detener esas risas que plasmamos en papel, inhalar tantas promesas que soplamos al viento esperando que algún día volvieran a nuestros oídos; a veces solo quisiera olvidar.

Sin embargo, siempre llega la tormenta, los vientos y mareos, decaídas a la sana estabilidad que consigo cuando callo y cuando olvido aquellos días en que caminabas con tus pies desnudos por mi cuarto abrazando aquella ilusión, cargando una guitarra, escribiendo algunas estrofas de aquella canción que nunca terminaste. Siempre bailabas en mi habitación y, regocijándote de la tranquilidad que mi mirada te prestaba, te empeñabas en desnudar tu alma para mi, te empeñabas en sacar a relucir una sonrisa coqueta que, sin influencias, se dibujaba con alegres matices sobre el lienzo tan dañado de tu rostro. No había necesidad de maquillar nuestras emociones, no había necesidad de buscar razones para reír, reíamos por reír, porque Dios así lo quiso y el mundo es divertido. Suelo record…

Cortarte

Poder, me gustaría, marcarte en los brazos
tal cual eres y cuán perfecta
pero tan rápido llegan los malos ratos
contemplas cortarte las venas.

Tiempo

Son las 4:34 a.m. del día 29 de diciembre del año 2013 y se supone que en una hora y media saldré de la ciudad. Todos están dormidos, todo está en silencio; sólo se escucha el ruido de la calefacción rugiendo en su esfuerzo por aplacar los 3° centrigrados que quieren entrar. Tengo mis audifonos puestos y aún así su sonido metal me quiere arruyar.

Yo sólo quiero hacerla reír y sentir que todo desaparece.

Son las 4:43 a.m. del día 29 de diciembre del año 2013. En una hora y quince saldré de la ciudad. Ella está dormida a dos cuadras de mi. Dos cuadras.
Sólo escucho el ruido.