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Luz que opaca

A veces quisiera dejar de escribirte, detener esas risas que plasmamos en papel, inhalar tantas promesas que soplamos al viento esperando que algún día volvieran a nuestros oídos; a veces solo quisiera olvidar.

Sin embargo, siempre llega la tormenta, los vientos y mareos, decaídas a la sana estabilidad que consigo cuando callo y cuando olvido aquellos días en que caminabas con tus pies desnudos por mi cuarto abrazando aquella ilusión, cargando una guitarra, escribiendo algunas estrofas de aquella canción que nunca terminaste. Siempre bailabas en mi habitación y, regocijándote de la tranquilidad que mi mirada te prestaba, te empeñabas en desnudar tu alma para mi, te empeñabas en sacar a relucir una sonrisa coqueta que, sin influencias, se dibujaba con alegres matices sobre el lienzo tan dañado de tu rostro. No había necesidad de maquillar nuestras emociones, no había necesidad de buscar razones para reír, reíamos por reír, porque Dios así lo quiso y el mundo es divertido. Suelo recordar aquellos refrescantes baños que duraban horas, siempre empapándonos de platicas tan cambiantes y opiniones tan diferentes a las que habíamos escuchado antes. Tu me enseñaste a no ser tonto y a no querer parecer poeta, a no querer utilizar frases como “todavía siento las caricias que no me diste” porque no habría de esas y yo tendría todas las caricias que quisiera, fueran entregadas por tu mano o fuera el viento mensajero de aquellas que la distancia me impidiera tener de momento. Me cantaste al oído, dijiste que hay que aprender a llorar las cosas que valen la pena llorar, y jamas intentaste sacarme una sonrisa en algún momento de debilidad porque, según dijiste tu, “la realidad se combate con realidad”. Para cuando exigiste tu libertad, nuestros cuerpos estaban encadenados, nuestras miradas enganchadas y nuestros corazones en paz; así que dejarte ir fue la tarea mas fácil, no había cabos sueltos, no había siquiera una razón para partir. Tu tenias que irte y yo te deje ir.

Puedes ver, siempre recuerdo las partes mas iluminadas de nuestra tristeza, aquellas en que un majestuoso rayo convertía toda la oscuridad en luz y por un momento, solo por ese momento, las gotas de lluvia, trozos de nuestras almas despedazadas que caían del cielo, no se veían mas. Tan poco probable como posible, la luz opaca la oscuridad.

A veces quisiera que no fueras solo un sueño y poder combatir realidad con realidad.

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Cortarte

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tal cual eres y cuán perfecta
pero tan rápido llegan los malos ratos
contemplas cortarte las venas.

Tiempo

Son las 4:34 a.m. del día 29 de diciembre del año 2013 y se supone que en una hora y media saldré de la ciudad. Todos están dormidos, todo está en silencio; sólo se escucha el ruido de la calefacción rugiendo en su esfuerzo por aplacar los 3° centrigrados que quieren entrar. Tengo mis audifonos puestos y aún así su sonido metal me quiere arruyar.

Yo sólo quiero hacerla reír y sentir que todo desaparece.

Son las 4:43 a.m. del día 29 de diciembre del año 2013. En una hora y quince saldré de la ciudad. Ella está dormida a dos cuadras de mi. Dos cuadras.
Sólo escucho el ruido.